El reflejo del tiempo.

Cuando aprendí a apilar las piedras de mi camino, no supe donde sentarme. Cuando me levanté del suelo, me engañaron los cantos de sirena, ¡qué dulce era la voz del alba! Cuando mis oídos cumplieron su condena, invertí toda la vida en una sola noche. Cuando renací en la mañana del día después, troqué una sonrisa por un incesante gota a gota de lágrimas, aún hoy me pregunto si valió la pena. Cuando fui alma que vuela al cielo, el vértigo me cegó de prisas. Cuando apacigüé el potro desbocado, me confundí de abrevadero. Cuando me desenredé de tu pelo… cuando me desenrede de tu pelo me sobrará tinta entre los dedos. Volverse a equivocar no es cuestión de suerte, ni el fracaso ni yo queremos volver a reencontrarnos. Aprendí a sonreír bajo la tormenta y los rayos de sol sientan aún mejor.

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